Oitenta mans tecendo para Siria

Unas cuarenta mujeres de Pontevedra hacen a mano mantas, jerséis y gorros para los sirios

Do Opus Dei

Desde que el mar dejó el cadáver del niño Aylan sobre la arena, la barbarie siria está en muchas bocas. Solo hace falta poner la oreja y uno escucha lamentos sobre el drama de los refugiados a la hora del café en los bares, en las conversaciones de padres a la puerta del colegio o mientras espera para pagar en la cola del supermercado. Pero una cosa es lamentarse, llorar incluso viendo bebés embarrados malviviendo en campamentos de hambre y frío, y otra distinta intentar poner algún grano de arena para parar semejante tragedia. Eso ya no es tan habitual. O sí. Depende dónde se busque. El miércoles, en un céntrico local pontevedrés perteneciente al club Belmar, sí había acción por Siria. Se tejía para el pueblo en guerra; una iniciativa tan curiosa como solidaria que implica a cuarenta mujeres.

En un salón de coloridos butacones, recibían el miércoles un buen número de mujeres. Unas son jóvenes, buena parte mayores... Pero tienen algo en común: dejaron su café de media tarde, sus quehaceres domésticos o sus trabajos para sentarse a tejer por una causa solidaria una vez a la semana, de seis a ocho de la tarde. Son el ejército de la lana. Agujas en mano, calcetan jerséis, bufandas, gorros y, sobre todo, mantas para enviar a Siria. Las hacen no tanto pensando en los refugiados, sino en las personas que siguen en el país, atrapadas en la guerra y pasando frío. Les cuesta empezar a hablar. No por timidez ni por no contar la experiencia... ¡Están concentradísimas moviendo la aguja a toda prisa! Pero, poco a poco, al compás del hilo de colores que hace las bufandas, se suelta también el hilo verbal.

Ya hizo veinte bufandas

Carmela Calvar es una de las tejedoras. Ella es de estas mujeres que llevan el voluntariado dentro. Así que le costó trabajo encontrar hueco para pasar una tarde calcetando, pero lo topó: «Con lo que está pasando en Siria, en cuanto me dijeron que íbamos a tejer para mandarles cosas para allí pensé que tenía que estar aquí. Es muy gratificante hacer cosas por los demás». Sus manos, después de tejer ropa para cuatro hijos y doce nietos, tienen callo. Así que lleva ya unas veinte bufandas y unas cuantas mantas hechas. A su lado, Charo y Tina reconocen que llevaban tiempo sin ponerse manos a la obra con la lana. Da igual. «Aquí lo importante es ayudar a la gente, y la que no sabe calcetar aprende», señalan ambas.

Precisamente, de aprender habla Teresa. Su caso es singular. Se sumó a la iniciativa para tejer por Siria. Pero no calceta sola. Lo hace rodeada de sus dos hijas, la mayor es Carmen y la pequeña Paula. Ambas acaban de descubrir el mundo de la calceta con esta iniciativa. Pero, sobre todo, se dieron cuenta de algo mucho más importante: «Hay que pensar en los demás y dedicarles tiempo», señala su madre.

Luego, Paula enseña su creación en lana. Es una manta diminuta. Cuando explica por qué es tan pequeña, es como reconciliarse un poco con el mundo: «Quiero que la tenga una niña siria para tapar a sus muñecas», dice ella. Si Paula es la alevín del batallón de tejedoras, Gloria es la más veterana. Ella no estaba el miércoles junto a las demás mujeres. Teje desde la residencia donde vive. Su nuera, Mabel, que participa también en la iniciativa, explica: «Está encantada, ya acabó la lana que le llevamos y ahora le compraremos más. Es una maravilla ver cómo teje, va como una máquina», cuenta. En realidad, aunque únicamente se reúnen los miércoles para hacer punto, todas cosen algo en casa.

Producción copiosa

La producción, tras varias semanas de faena, empieza a ser copiosa. Sobre una mesa hay jerséis, mantas de colorines, las típicas de lana que todas las abuelas tenían hace años en casa, y muchas bufandas y gorros para niños. Ver esas diminutas capotas con orejeras es como abrir una ventana al drama sirio. Uno se imagina a los niños que están sin ellas en la trinchera en la que se ha convertido su país; a otros que las necesitan en esos campos de refugiados de miseria... La desesperanza aparece. Pero entonces llega Elena, encargada de coordinar la actividad, y dice: «Haremos más cosas por Siria, como enviar mochilas con material escolar, algo que también hicimos hace meses. Aquí hay gente del club y otra que no lo es, puede ayudarnos quien quiera». Y ya parece que hay esperanza.


Fuente: pontevedra / la voz, 20 de marzo de 2016
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/pontevedra/pontevedra/2016/03/20/ochenta-manos-tejiendo-siria/0003_201603P20C5991.htm